Cuando hablamos de envejecimiento saludable, solemos pensar en lo que vemos externamente: nuestra piel, arrugas u otros signos visibles de la edad. Pero muchos procesos estudiados en la investigación sobre el envejecimiento comienzan mucho más profundamente, concretamente en nuestras células.<sup>1</sup>
Cada una de nuestras células está rodeada por una membrana, compuesta principalmente de lípidos. Esta membrana es mucho más que una simple envoltura externa. Entre otras funciones, participa en los procesos de transporte y comunicación celular.²
Además, sus grasas tienen un lado sensible: pueden ser atacadas y alteradas oxidativamente por los radicales libres.
Este proceso se conoce como peroxidación lipídica. Por lo tanto, la interacción entre las membranas celulares, las grasas y el estrés oxidativo se estudia intensamente en la investigación sobre el envejecimiento.¹
Una vitamina desempeña un papel especialmente importante: la vitamina E, sobre todo en forma de α-tocoferol.
La vitamina E como antioxidante que rompe la cadena
La vitamina E se diferencia de muchos otros antioxidantes en un aspecto crucial: es liposoluble. Esto significa que se encuentra en las estructuras ricas en lípidos de nuestro organismo, es decir, donde están presentes las grasas sensibles a la oxidación.
Los radicales libres se producen de forma natural durante nuestro metabolismo. La radiación UV, los contaminantes del aire, el esfuerzo físico intenso o el humo del cigarrillo pueden aumentar aún más su producción.<sup>1</sup> Si su producción supera los mecanismos de defensa antioxidante de nuestro cuerpo, se produce estrés oxidativo.
La peroxidación lipídica puede desencadenar una reacción en cadena: cuando un lípido se oxida, se puede formar un nuevo radical que ataca al siguiente lípido. De esta forma, la reacción puede continuar indefinidamente dentro de estructuras ricas en lípidos.²
La vitamina E puede interrumpir esta reacción en cadena. El α-tocoferol puede reaccionar con los radicales lipídicos y, por lo tanto, evitar que la reacción oxidativa se transmita al siguiente lípido.²
Por lo tanto, en ciencia, la vitamina E también se conoce como un "antioxidante que rompe la cadena".
Este mecanismo explica por qué la vitamina E es particularmente importante para proteger nuestras células del estrés oxidativo.
Qué cambios puede producir la vitamina E en nuestra piel.
Esta conexión es particularmente evidente en nuestra piel. Está expuesta diariamente a influencias externas como la radiación UV. Esto puede provocar la formación de especies reactivas de oxígeno que, entre otras cosas, alteran oxidativamente los lípidos de la piel.
El papel de la vitamina E en este proceso se investigó en un estudio con 16 personas sanas. Un subgrupo de participantes tomó 400 mg diarios durante ocho semanas. I.E. α-Tocoferol.³
Posteriormente, la concentración de vitamina E en su piel aumentó de 0,55 a 1,6 ng por mg de proteína, casi triplicándose.
Al mismo tiempo, la concentración de malondialdehído disminuyó significativamente.³
Esta sustancia se forma durante la oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados y, por lo tanto, se utiliza como marcador de la peroxidación lipídica.
En este estudio, se observó que niveles más altos de vitamina E en la piel se asociaban con un menor marcador de cambios oxidativos en sus lípidos. Sin embargo, no se demostró protección contra el enrojecimiento de la piel inducido por los rayos UV.
Los resultados ilustran la estrecha relación entre el suministro de vitamina E de la piel y los procesos bioquímicos relacionados con el estrés oxidativo.
Piel y LDL: ¿Qué las conecta?
No solo nuestra piel contiene lípidos sensibles a la oxidación. El LDL, a menudo denominado simplemente "colesterol malo", también transporta lípidos por todo el cuerpo.
El LDL desempeña un papel importante: transporta el colesterol a diversos tejidos. El colesterol en sí no es intrínsecamente negativo, ya que nuestro organismo lo necesita, entre otras cosas, como componente de sus membranas celulares.
Sin embargo, los lípidos de las LDL también pueden sufrir alteraciones oxidativas.
El Estudio de Prevención de la Aterosclerosis con Vitamina E (VEAPS) investigó esta asociación durante un promedio de tres años. Los participantes recibieron 400 mg diarios. I.E. α-tocoferol sintético o un placebo.⁴
El resultado: la vitamina E redujo la concentración de LDL oxidada circulante. Al mismo tiempo, disminuyó la susceptibilidad de la LDL a la oxidación.
Sin embargo, no se observó ninguna ralentización en la progresión de la arteriosclerosis investigada.⁴
La piel y el LDL parecen, en principio, dos temas completamente distintos. Sin embargo, a nivel molecular, están conectados por el mismo proceso: la modificación oxidativa de los lípidos.
La vitamina E no detiene el envejecimiento. Sin embargo, cumple una función científicamente reconocida al proteger nuestras células del estrés oxidativo.⁵
Vitamina E natural y sintética: ¿Cuál es la diferencia?
La vitamina E no es simplemente vitamina E.
El término engloba a toda una familia de compuestos liposolubles que consisten en diversos tocoferoles y tocotrienoles. El α-tocoferol desempeña un papel particularmente importante en los seres humanos.⁶
E incluso con el α-tocoferol hay una diferencia que apenas se aprecia a primera vista.
El α-tocoferol que se produce de forma natural tiene una estructura espacial claramente definida: RRR-α-tocoferol.
Por otro lado, el α-tocoferol racémico producido sintéticamente consiste en una mezcla de ocho formas estereoisoméricas diferentes. Solo una de ellas corresponde al α-tocoferol RRR que se encuentra de forma natural.⁶
Esto podría parecer, en un principio, un detalle que fascinaría principalmente a los químicos. Sin embargo, esta estructura espacial desempeña un papel importante en nuestro organismo.
Nuestro hígado contiene la denominada proteína de transferencia de α-tocoferol. Esta proteína desempeña un papel fundamental a la hora de determinar qué formas de vitamina E se liberan preferentemente al torrente sanguíneo.
La naturaleza selectiva de esta proteína se demuestra mediante una investigación de sus propiedades de unión: el RRR-α-tocoferol natural se estableció como referencia al 100 por ciento. El β-tocoferol alcanzó el 38 por ciento, el γ-tocoferol el 9 por ciento y el δ-tocoferol solo el 2 por ciento.⁷
Los estudios realizados en humanos también muestran diferencias entre el α-tocoferol natural y el sintético.
Tras la ingestión, el RRR-α-tocoferol natural se concentró en mayor medida en el plasma y los glóbulos rojos que el comparador sintético en un estudio farmacocinético.⁸
La vitamina E natural y la sintética pueden parecer similares en la etiqueta. Sin embargo, bioquímicamente no son idénticas.
Por qué la vitamina E es tan interesante para un envejecimiento saludable
La piel, las membranas celulares, los lípidos y el estrés oxidativo pueden parecer temas dispares a primera vista. Pero, en última instancia, todos conducen al mismo punto: nuestras células dependen de estructuras intactas y ricas en lípidos.
Y es precisamente ahí donde la vitamina E desempeña un papel especial.
Su capacidad para interrumpir las reacciones en cadena oxidativas dentro de las estructuras ricas en lípidos convierte al α-tocoferol en un componente importante de los mecanismos de defensa antioxidante del propio organismo.
Por lo tanto, quienes se preocupan por un envejecimiento saludable no solo deberían fijarse en los signos visibles del envejecimiento, sino también en los procesos fundamentales de nuestras células.
Vale la pena examinar más de cerca las diferentes formas de vitamina E. El α-tocoferol natural y el sintético difieren no solo en su estructura espacial, sino también en cómo el cuerpo los procesa.
La vitamina E ejemplifica así la estrecha interconexión entre la salud de nuestras células, la protección de sus lípidos y las bases bioquímicas del envejecimiento.
Fuentes
¹ Pizzino G, Irrera N, Cucinotta M, et al. Estrés oxidativo: daños y beneficios para la salud humana. Oxidación Célula Longev. 2017;2017:8416763.
² Traber MG, Atkinson J. Vitamina E, antioxidante y nada más. Biol. de Radic. Libre. 2007;43(1):4–15.
³ McArdle F, Rhodes LE, Parslew RAG, et al. Efectos de la suplementación oral con vitamina E y β-caroteno sobre el estrés oxidativo inducido por la radiación ultravioleta en la piel humana. Revista Americana de Nutrición Clínica. 2004;80(5):1270–1275.
⁴ Hodis HN, Mack WJ, LaBree L, et al. La suplementación con alfa-tocoferol en individuos sanos reduce la oxidación de lipoproteínas de baja densidad, pero no la aterosclerosis: el Estudio de Prevención de la Aterosclerosis con Vitamina E (VEAPS). Circulación. 2002;106(12):1453–1459.
⁵ Reglamento (UE) nº 432/2012. Declaración de propiedades saludables autorizada para la vitamina E: La vitamina E contribuye a la protección de las células frente al estrés oxidativo.
⁶ Institutos Nacionales de Salud, Oficina de Suplementos Dietéticos. Vitamina E: Hoja informativa para profesionales de la salud.
⁷ Hosomi A, Arita M, Sato Y, et al. Afinidad por la proteína de transferencia de α-tocoferol como determinante de las actividades biológicas de los análogos de la vitamina E. Carta FEBS. 1997;409(1):105–108.
⁸ Burton GW, Traber MG, Acuff RV, et al. Concentraciones de α-tocoferol en plasma y tejido humanos en respuesta a la suplementación con vitamina E deuterada natural y sintética. Revista Americana de Nutrición Clínica. 1998;67(4):669–684.